Club de Lectura “Garamond”
“La fórmula preferida del
profesor” de Yoko Ogama.
No tenía ninguna referencia ni de
su autora, ni por supuesto de la novela.
Cayó en mis manos por un regalo de una amiga que consideró que su
lectura me iba a satisfacer. Al
principio pensé que era un regalo con cierta ironía, ya que es conocedora que
yo no es que tenga muchas simpatías a las matemáticas y cuando leía en el libro
las reflexiones y los problemas matemáticos que el profesor iba planteando, me
reafirmaba en mis sospechas.
Antes de leerla busqué
información a través de internet sobre su autora y vi que era una escritora muy
reconocida en su país, Japón, y que sus novelas una vez editadas se convertían inmediatamente
en verdaderos best sellers. Esta misma
con más de un millón de lectores. Yoko
Ogama, que así se llama, nació en el año 1962 y estudió en la Universidad de
Tokio. A partir de 1984 inicia su
carrera literaria inspirada por la lectura de los clásicos japoneses y por un
“el diario de Ana Frank que le marcó mucha su lectura. Recibió los premios más importantes de Japón:
Akutagama y Tanizaki.
Además de esta novela “la fórmula preferida
del profesor” (año 2004) de gran éxito y con una gran repercusión internacional
al ser llevada como guion a las pantallas del cine, escribió “la policía de la
memoria” que según la crítica es la novela perfecta para conocer la narrativa
japonesa de la actualidad, ya que tiene los ingredientes de lo real y lo
fantástico fundidos en un relato elegante y escritos con la misma naturalidad
como comen los japoneses con los palillos (visión según de un crítico americano). Yoko Ogama en esta novela nos muestra cómo se
borran los recuerdos y los objetos de la mente y la consecuencia de ello en la
vida cotidiana de las personas. En las
dos novelas: la policía de la memoria y la fórmula preferida del profesor, la
pérdida de la memoria es el tema central, hasta el punto que en una entrevista la
autora llegó a preguntarse “¿las personas somos nuestra memoria?”. Y añade: “el papel de la memoria es vital, es
nuestra percepción del mundo. Perderla
es perder también la realidad misma de aquello que en algún momento formó parte
de nuestra experiencia. Cierto es que
nuestra memoria se encarga de subvertir y modificar nuestros recuerdos,
modificando así nuestra propia realidad.
Eso juega, a veces, a nuestro favor, nos refugiamos en nuestra versión
de los hechos y no tanto en una verdad objetiva. Supongo que eso se debe a la íntima conexión
que existe entre nuestra emotividad y nuestra memoria”.
Con estos mimbres y alguna
información más a través de internet, empecé a leer la novela y lo primero que
me llamó la atención es encontrarme con una prosa, según mi parecer, claro,
elegante, sencilla y lúcida y, sobre todo, carente de grandes retóricas o
pretensiones, me resultó muy cómoda de leer.
La novela nos cuenta
delicadamente la historia de una madre soltera que entra a trabajar como asistenta
en casa de un viejo y huraño profesor que perdió en un accidente la autonomía
de la memoria que solo le dura 80 minutos.
Apasionado por los números se irá fraguando amistad y cariño con la
asistenta y su hijo con quien comparte aficiones y consigue que ambos se
introduzcan en el mundo de las matemáticas.
La novela es una fusión de amor,
de cariño, de humanidad … pero también de la fragilidad de la mente humana y de
la memoria, de la madurez y responsabilidad de un niño de 10 años, de la
frialdad y austeridad de una mujer marcada por el amor que tuvo al profesor y
que desde la distancia controla su bienestar, del compromiso y entrega de una
mujer, madre soltera, que no tuvo ni tiene una vida fácil.
El béisbol y las matemáticas son
los temas reincidentes. Si al lector el
béisbol o el deporte en general no le gusta, reconozco que sus abundantes
referencias pueden llegar a cansar y, en cierto modo, a desconectarse de la
trama, sin embargo, el béisbol es un punto de unión muy fuerte entre el
profesor y el niño en donde apreciamos el cariño y el respeto que ambos se
tienen y algo más importante un pasión que comparten, en el niño exclusivamente
deportiva y en el profesor un pretexto más para desarrollar las reflexiones
sobre las matemáticas y transmitírsela al niño a través de juegos relacionados
con el béisbol.
La incidencia de las matemáticas
puede llegar a ser de más interés ya que nos plantea ideas fórmulas y
curiosidades que nos introducen en los juegos de números que el profesor nos va
planteando al propio lector junto a Root (raíz cuadrada). También a su madre que va consiguiendo
transmitirle el interés por las matemáticas, planteando cuestiones que la
asistenta intenta resolver, acudiendo incluso a las bibliotecas.
Acabo con la lectura de dos
párrafos que considero representativos de lo que representa la novela, uno
referido a las matemáticas y otro de un escritor japonés que analiza la novela
y a su escritora:
En el primer párrafo el profesor
nos dice:
“Mira qué maravillosa sucesión de números. La suma
de los divisores del 220 es igual a 284. Y la de los divisores de 284, igual a
220. Son números amigos. Son una combinación muy infrecuente, sabes. Fermat o
Descartes solo lograron descubrir un par, cada uno de ellos. ¿No te parece
hermoso? ¡Que la fecha de tu cumpleaños y el número grabado en mi reloj de
pulsera estén unidos por un lazo tan maravilloso…!
Y en el
segundo párrafo el escritor japonés Kenzaburo Oe, nos dice sobre la autora:
“Es capaz de
dar expresión a los elementos más sutiles de la psicología humana en una prosa
sutil pero penetrante.» La sutileza reside en parte en el hecho de que los
personajes de Ogawa a menudo no parecen saber por qué actúan de la forma en
cómo actúan. Su estilo se basa en la acumulación de detalles, una técnica
quizás más eficaz en sus obras breves; el lento ritmo de desarrollo en las
obras más extensas requiere algún tipo de intervención para resolver las
tramas. Al lector se le presenta una profunda descripción de los protagonistas,
en su mayoría, aunque no siempre, mujeres, cómo observan, sienten y razonan,
reflejando la sociedad japonesa y especialmente el papel de las mujeres en
ella. El tono de sus obras varía de lo surrealista a lo grotesco y en ocasiones
introduce elementos humorísticos, mostrándose psicológicamente ambigua e
inquietante, pero también profunda en la forma de presentar los problemas.
Sus novelas revuelven las conciencias.
Carlos López Cortiñas
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