Una sencilla historia de la vida de la habitación de un hospital desde donde se veían los atardeceres del Pirineo. La ventana fue el punto de unión de dos personas (hombre y mujer) que estaban cuidando a dos familiares. Permanecían en la ventana todas las tardes para ver el espectáculo de apreciar la rojiza luz solar reflejada en la nieve de las lejanas montañas y, eso, dio pie para situar a distintos pueblos y contar las historias de sus vecinos. De ahí se contaron sus propias vidas que mezclaron con las vidas de sus familiares enfermos y poco a poco fue surgiendo una amistad y una empatía que dio lugar a reflexiones mutuas sobre la observación, la contemplación y la mística. Para conocer la idiosincrasia del Pirineo aragonés, no sólo hay que senderear, o visitar sus pueblos, hay que hablar con la gente, y en este caso, leer a sus autores. Aunque Severino nos dice que las pasiones se dan de igual forma en el Pirineo o en Madrid, la realidad es que esta novela de amor...