El Buscón nos cuenta las aventuras de Pablos, un pícaro con "altos pensamientos de caballero". En el deseo de mejorar su posición social, el protagonista sale de su Segovia natal hacia otras ciudades como Madrid, Toledo y Sevilla, desde donde embarca a las Indias en un desesperado intento de cambiar su suerte. El ingenio y la magistral pluma de Quevedo consiguen que el lector disfrute con estas aventuras y desventuras de Pablos.
El Buscón nos cuenta las aventuras de Pablos, un pícaro con "altos pensamientos de caballero". En el deseo de mejorar su posición social, el protagonista sale de su Segovia natal hacia otras ciudades como Madrid, Toledo y Sevilla, desde donde embarca a las Indias en un desesperado intento de cambiar su suerte. El ingenio y la magistral pluma de Quevedo consiguen que el lector disfrute con estas aventuras y desventuras de Pablos.
Quevedo fue una persona con varios defectos físicos que a buen seguro marcaron su carácter y que esos rasgos los trasladó a su literatura. Perteneció a una familia acomodada y bien posicionada, relacionada con la Corte por lo que tuvo siempre una buena posición económica y pudo estudiar. Quevedo fue un hombre de su tiempo donde el barroco predominaba y que una de sus características, como es una visión pesimista, arraigó en su personalidad. él decía "vivir es morir lentamente".
El Buscón fue una novela de su juventud y entra dentro de las que denominamos "Novelas Picarescas" al igual que el Lazarillo o el Guzmán de Acebache. En estas novelas el personaje es un "antihéroe", sus padres viven sin honor, viven al margen de la ley y nunca salen de una vida miserable. Están escritas de forma autobiográfica. Aunque hay diferencias entre ellas, por ejemplo, el Lazarillo busca a través de la vida salvarse para ir al cielo, mientras que Pablos en el Buscón su objetivo es llegar a Caballero y tener honor y como no lo consigue en España finaliza la novela marchándose a buscar fortuna a las Américas.
El estilo de la novela es claramente barroco y, así, encontramos en la novela exageraciones, hipérboles y juegos de palabras. Gusta por degradar la realidad hasta la caricatura de los personajes y de la misma realidad. Podemos afirmar que el el Buscón no encontramos una crítica social que si encontramos en el Lazarillo, pero a través de la ironía nos presenta una realidad miserable.
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