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"Los Amnésicos" de Géraldine Schwarz

 





Comentario del libro “Los Amnésicos”

De Geraldine Schwarz

Introducción del libro para el debate en “el Colectivo del Pensamiento Crítico”

Dice Julián Casanova en su libro “la violencia indómita” que para descubrir la lógica de la violencia en la política, hay que destacar como hilos conductores la ideología, la raza, la nación, los momentos de crisis generadas por las guerras y las revoluciones y los proyectos de utopías totalizadoras”.

Estamos acostumbrados a leer a través de los medios de comunicación o de diferentes ensayos y novelas, las razones ideológicas y políticas que sustentaron las estructuras de poder para acometer las atrocidades que durante el siglo XX se cometieron en Europa. Este libro pone el acento en un aspecto novedoso que, aunque se sabe, pasa desapercibido para la mayoría de los analistas y no es otro que el papel que realizaron los colaboracionistas con este tipo de regímenes totalitarios. Los “Mitlauter” o colaboradores participaron siendo conocedores de las atrocidades cometidas por sus gobernantes. Son los amnésicos que ayudaron a crear la Alemania actual.

Estos “Mitlauters” colaboraron en el engranaje económico e ideológico del régimen y la mayoría de ellos salieron inmunes de los procesos judiciales que posteriormente se realizaron y vivieron una vida desahogada como consecuencia de los beneficios económicos obtenidos por una legislación “antisemita” que les permitió enriquecerse.

En los últimos años una joven generación de periodistas e historiadores con alguna vinculación familiar con el nazismo ha llevado a cabo un valiente ejercicio de investigación e indagación crítica.  El caso más conocido es el de Katrin Himmler, cuyo tío abuelo era el sanguinario jerarca de la SS y que en su ensayo "Los Hermanos Himmler" ha reconstruido una historia de ambiciones personales y espantosos genocidios.  En esta misma línea Géraldine Schwarz con un relato crítico de autojustificaciones familiares, donde se denuncia la sumida indiferencia ante la injusticia y el egoísmo de la condición humana, realiza un trabajo de investigación sobre la aquiescencia con el nazismo.

La autora se inspiró en dos familiares para escribir esta novela: su abuela y su padre. La abuela, cuyo perfil es muy similar al de muchos alemanes de su generación por cómo responde a las influencias y encantos del nazismo que le hace soñar, siente la humillación de 'la gran guerra de 1918', como muchos alemanes de su generación, y ve la oportunidad de regenerarse, se ilusiona y se deja arrastrar cerrando los ojos a la realidad de las atrocidades. La abuela era a la vez, culpable por dejarse cegar y víctima de una orquestada manipulación.  Su suicidio, marcó a la autora y, según ella, es el núcleo central del libro.  Es lo que la llevó a profundizar en los entresijos e historias familiares para conocer la verdad. El suicidio fue la culminación de una mujer que no conoció más que periodos de guerras y entreguerras, no era una intelectual, ni participaba de la vida política, es lo que denominaríamos hoy día como una apolítica (conservadora).  Se dejó llevar por la euforia ambiental y por una admiración ciega hacia un líder, Hitler.  No tenía ningún medio para identificar lo que estaba ocurriendo, porque aquello era inédito, la masa se dejaba arrastrar por un líder enloquecido de poder.  Esa es una de las claves del fascismo. no se enfrentan ni someten a la población indiferente sino que la seducen.

El hecho de que su padre se enfrentase a su propio padre coincide con la respuesta de una nueva generación, conocedora de la situación, que no quería pasar página, sino enfrentarse a su pasado. En este caso concreto le exigió a su padre la recompensa económica para la familia judía que había expoliado a través de las leyes antisemitas de los años 40, su padre opta por la negación de sus responsabilidades. Otro de los hechos familiares que marca a la autora.

 

El libro es una apasionante investigación que abarca a tres generaciones de la historia reciente de Europa y que nos obliga a reflexionar sobre los riesgos de la desmemoria y el auge del neofascismo en nuestro continente.  Los “Amnésicos" narra la colaboración de sus abuelos alemanes con los nazis y de sus abuelos franceses con Vichy.  El texto es una mezcla de ensayo, de reportaje, de investigación y de una narración novelada de la historia de su propia familia que complementa con un riguroso diagnóstico y análisis del “olvido” de muchos de los países que sufrieron regímenes totalitarios.  El libro ejemplifica en una familia concreta los mecanismos del olvido que alemanes, franceses, austriacos e italianos quisieron suavizar su terrible pasado, quizás sólo Alemania haya podido conseguir mirarse al tenebroso espejo de su pasado para encarar de frente al futuro, aunque en la Alemania actual sigue presente ese pasado a través de partidos ultras y a pesar de que a nivel político se ha conseguido aislar a estos partidos a nivel social parece que la emigración hace resurgir viejos monstruos.   

Después de la contienda bélica los aliados se plantearon la tarea, no sólo de desnazificar aquella sociedad, sino la de depurar la culpa y delimitar responsabilidades.  Los principales dirigentes fueron condenados en Nuremberg, para ello hubo que elaborar tipos penales nuevos como “crímenes contra la humanidad”. Sin embargo calificar la conducta del conjunto de la población, resultó más complicado. La opinión pública se dividió entre los que pedían un completo esclarecimiento de lo ocurrido y los partidarios del olvido, del borrón y cuenta nueva. Estos últimos en base a argumentos como que los alemanes como pueblo habían sido contrarios a aquellos crímenes o bien habían actuado forzados. Este tema que ha dado lugar a infinidad de trabajos históricos y a reflexiones éticos-políticos, a analizar el papel del “mal” en las comunidades o la modificación de la conducta personal en contextos violentos o de exaltación emocional de masas. Sobre todos esto temas trata “los Amnésicos” de Geraldine Schmarz y que podemos concretar en tres hipótesis que ayuden al debate:

1º.-  La primera hipótesis que defiende la autora es que todos los alemanes, salvo los que se opusieron activamente al nazismo, fueron responsables en mayor o menor grado de las brutalidades del tercer Reich.  Nadie había sido forzado a cometer asesinatos y nadie puede afirmar que no se había enterado.  La autora admite varios niveles de responsabilidad, no es lo mismo la pasividad que la aquiescencia.  Para demostrarlo la autora al narrar su pasado familiar nos dice que en Manheim en 1940 cuando la SS se llevaba a los judíos, nadie se movilizó ni hubo protestas. La autora también extiende las responsabilidades a las democracias occidentales que escatimaron la recepción de los judíos amenazados por el nazismo.

Reconoce la autora que las responsabilidades grupales, al contrario de las individuales, son muchos más confusas y difíciles de esclarecer. Y a medida que pasa el tiempo los bandos tienden a diluirse porque los descendientes no siempre perpetúan las posiciones políticas de sus padres, e incluso, como es el caso de Geraldine Schmarz se mezclan y tienen hijos comunes.

2º.-  Otra de las ideas fuerza de la autora es el carácter seductor del nazismo.  Una idea clave ya que muchos analistas cuestionan el apoyo popular al tercer Reich.

No todo es represión en una dictadura, buscan su legitimidad en una retórica que glorifique al grupo humano al que pertenece el ciudadano sometido, lo que ejerce un atractivo sobre él.  La clave de que los fascismos tuvieron apoyos es que no tendieron a enfrentarse con la población “indiferente”, sino a seducirla, entusiasmarla e incluso a movilizarla para fomentar los sentimientos de pertenecer a una comunidad fuerte y gloriosa.  No obstante, al ciudadano al que se alega se le hace ver, también, que en caso de no someterse sufrirá las consecuencias (1940 se realizaron 16.000 penas de muerte entre la población alemana).

Hasta la década de los 60 no se avanzó en el distanciamiento y la denuncia del pasado nazi. Durante mucho tiempo la posición oficial consiguió en seguir negando la colaboración de la población con el nazismo, a la vez que se integraban sin ningún tipo de pudor a los cuadros nazis entre las élites de la nueva República alemana.

En los años 80 es cuando se produce una disputa entre los historiadores. Para los más conservadores (Ernest Nolte) el nazismo había sido un extravío ocasional obra de un grupo de criminales e incluso lo justificaban como una reacción de la población contra los crímenes de Stalin, auténtico inventor del totalitarismo.  En cambio para Habermas, Fisher y Rosemburg fue la culminación de la contienda 1914/18 y fruto de la cultura nacionalista, militarista y beligerante del 2º Reich.

Esa polémica consiguió que Alemania se enfrentase a su pasado, y se mirase en su propio espejo histórico. A través de las numerosas denuncias y procesos jurídicos se convirtió en un ejemplo a seguir por el resto de naciones que sufrieron regímenes totalitarios. Esa misma cultura sigue en el 2021 y ante la crisis de refugiados sirios, ningún país ha reaccionado con la generosidad de la Alemania liderada por Merkel.

En Italia en cambio no se hizo adecuadamente el trabajo de memoria y se tiende a excusar las aberraciones hechas por Mussolini. En Francia se instaló en una amnesia parcial que borró de sus recuerdos el colaboracionismo con el nazismo a la vez que ensalza las gestas de la resistencia.

Y en España la transición fue producto de un sentir generalizado de que lo esencial era evitar otra contienda civil y las exigencias de responsabilidades quedaron apartadas.  Muchos historiadores (Antonio Cazorla) testimonian que durante la dictadura existía una amplia opinión favorable al régimen, por razones interesadas en algunos casos, en otros por mero conformismo o hartazgo de los años 30 y en otros, simplemente, por asunción del nacional catolicismo.

 

3º.- Y por último la tesis que defiende la autora radica en que los países que supieron enfrentarse a su pasado son capaces de enfrentarse al futuro con unas estructuras democráticas más solidad.

Un texto de la propia Geraldine atestigua esta afirmación, nos dice: “cuando uno comprende que sus padres y abuelos fueron responsables directos o indirectos de muchas atrocidades, cuando uno se da cuenta de lo fácil que es convertirse en perseguidor o en consentir la persecución. Cuando uno comprende las muchas identidades que ha heredado … es probable que se sienta más dispuesto a convivir con otras culturas, otras lenguas, otras creencias y otras posiciones políticas. En cambio los educados en un mundo aislado, los que se ven como descendientes de víctimas inocentes y nunca como herederos de vilezas, tienden con facilidad a adoptar posiciones de intolerancia o de nostalgias de un pasado glorioso.

Como observó la autora la Alemania actual, en líneas generales, tiende a desconfiar de los extremistas, suele rechazar los discursos políticos incitadores del odio y, por el contrario, tiende a construir una sociedad civil fuerte con un mayor sentido de la responsabilidad individual. Valores cruciales para una sociedad democrática.

 

Carlos López Cortiñas


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