Manteniendo la estructura del cuento clásico (niña que va a visitar a su abuela para llevarle las tartas que elabora su madre, peligros y aventuras que se va a encontrar en su camino, el encuentro con una especie de hada ...) es un libro que hace una reflexión profunda sobre la soledad, la libertad individual, e incluso sobre el crecimiento personal.
Sara vive en el seno de una familia trabajadora y humilde, una familia de gustos simples y monótonos que aburren la existencia de su hija. Sólo rompe esa monotonía los viajes que hace en compañía de su madre para visitar a su excéntrica abuela que reside en Manhattan. Una antigua cantante con numerosos amores que se resiste a vivir de sus recuerdos y que está abierta a lo que le depare la vida.
Una de las semanas su madre y su padre se han ido y ella se queda con su vecina a pasar la noche, aprovecha la ocasión para realizar la gran aventura de su vida, llevarle la tarta de fresa elaborada por su madre a su abuela y hacerlo sólo y poder parar en la parada del parque Central Park para pasear por él. Lo hace y en un momento de desorientación y, en cierto modo, de miedo, aparece una vieja extravagante que no sólo la tranquiliza sino que coincide con su forma de entender la vida. Conectan inmediatamente y las dos desean y quieren aventuras.
Según la autora el libro trata de los niños que fuimos y de los abuelos que seremos. Deja un final abierto, desconocemos como acaba la aventura de Sara en su camino fantástico hacia conseguir la compañía de su amiga, la cuidadora de la Estatua de la Libertad.
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