Es una buena novela con final feliz. El narrador narra en tercera persona y en pasado, a veces habla en plural poniéndose al mismo nivel que el lector, produciéndose en ambos una cierta sintonía de confidencialidad.
La novela narra la existencia de Elizabet y su lucha por mantener la profesión de científica en un mundo laboral machista que, parece, incompatible con ser mujer. Pero la novela es mucho más que un relato feminista, habla de infancias difíciles, de amor sin reglas, de investigación sobre los orígenes y la consecuencia en sus vidas. de la educación de su hija, del aprovechamiento intelectual de la mujer ... Elizabet es una luchadora que no se arruga ante las dificultades y como no puede desarrollar su carrera como científica, aprovecha la ocasión que le ofrece una amistad para hacer un programa de cocina en una televisión local. Logra imponer sus condiciones y utiliza la química para explicar el arte culinario. La química es la vida, es el razonamiento, es la explicación de ser, y todo ello lo utiliza para explicar química a través de sus platos.
Los personajes que aparecen en la novela responden a diversas personalidades que están en relación con Elizabet: la amiga y asistenta Harriet supone la transformación de una persona que aburrida de su marido encuentra en Elizabet un espejo en que reflejarse. El perro, una persona más, al que Elizabet está dispuesta a enseñarles palabras, da el tono de humos. El cura Wakeley es el equilibrio emocional. Walter, su jefe en la televisión, se convierte en su confidente.
Es una novela muy recomendable que te engancha desde la primera página y mantiene la atención hasta la última página.
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