El libro me resultó tedioso y su literatura espesa y poco fluida. Reconozco las descripciones de la estación de Amberes, o lugares de Inglaterra y de Austria, como muy sugerentes, pero así y a todo me costó leerlo. Trata de un tema muy real, narra la historia de un niño que suben en un tren para escapar de la guerra y sus vivencias en el país de acogida. Su búsqueda de identidad por los lugares de procedencia cuando se hizo mayor. Los recuerdos, las descripciones de los lugares conocidos, las personas que conocieron a sus padres así como sus andaduras en los tiempos de guerra, son el hilo conductor del libro.
Está dentro de lo que se denomina "literatura del holocausto" y, también, literatura transgenérica por la mezcla de género, el autor mezcla realidad y ficción, lo que en muchas ocasiones descoloca al lector.
En la oscura nave de la estación de Amberes había un hombre joven, rubio, con pesadas botas de excursionista, pantalones de faena azules y una vieja mochila, ocupado intensamente en tomar notas y hacer dibujos en un cuaderno. El narrador lo observa fascinado y comienza entonces una relación que se desarrolla durante decenios. Jacques Austerlitz se llama el enigmático extranjero. Vive en Londres desde hace muchos años pero no es inglés. En los años cuarenta, siendo un niño judío refugiado, llegó a Gales y se crió en casa del párroco de un pequeño pueblo, con el predicador y su mujer, personas mayores y tristes. El chico crece solitario y cuando conoce su verdadero origen y su nombre verdadero, sabe también por qué se siente extranjero entre los hombres. W.G. Sebald recoge en su nuevo libro la historia de un ser trastornado, desarraigado. Busca en el pasado, que revive una vez más en el denso lenguaje de uno de los narradores más importantes y originales de nuestro tiempo, una voz única.
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